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.:Aquí las novedades Arenas de San Pedro:.

Semana Europea de la Movilidad

Del 16 al 22 de Septiembre de 2009

Hola a tod@s:
 
El Ayuntamiento de Arenas de San Pedro les invita a participar en la
Semana de la Movilidad (16 a l 22 de septiembre). Como adjunto les
enviamos el folleto con todas las actividades. Les invitamos especialmente
a adherirse al compromiso de desplazarse durante los días de esta semana a
pie o en bicicleta. El compromiso se puede firmar en la página web del
Ayuntamiento
http://www.aytoarenas.com/SEM/Apuntate.html
 

Muchas gracias por su interés.

Manifiesto oficial de Slow Food

Slow Food

Este nuestro siglo nació y creció bajo el signo de la civilización industrial, que primero     inventó la máquina para inmediatamente convertirla en su modelo de vida. La velocidad         se ha coinvertido en nuestra prisión. Todos nos hallamos contagiado por un mismo virus:         la “Fast Life” que trasforma nuestras costumbres, nos persigue incluso en nuestros hogares      y nos obliga a alimentarnos de “Fast Food”.

Pero el homo sapiens debe recuperar su sabiduría y liberarse de la esclavitud de la velocidad    si no quiere convertirse en una especie en vía de extinción.  Por eso, contra la locura universal de la “Fast Life”, promovemos la defensa del placer de vivir.

Proponemos una vacuna contra quienes, y son legión, confunden eficacia y frenesí:        disfrutar con seguridad, lentamente, plenamente y sin excesos de los placeres de los sentidos.

Contra la degradación de la “Fast Food”, comencemos en la mesa con “Slow Food” y redescubramos la riqueza y los sabores de la cocina tradicional. Frente a la “Fast Life” que,     en nombre de la productividad, ha modificado profundamente nuestros modos de vida y amenaza nuestro entorno, “Slow Food” brinda hoy una solución de vanguardia.

Es en el respeto del placer y no en su empobrecimiento donde reside la verdadera cultura;     de ahí puede surgir el progreso, especialmente desde una perspectiva internacional, con intercambios de proyectos y en el ámbito del conocimiento y de la historia. “Slow Food” asegura un futuro mejor.

“Slow Food” es una idea que necesita de numerosos y cualificados apoyos, que harán de este (lento) movimiento, cuyo símbolo es el caracol, una fuerza de dimensión internacional.  

Aprobado por representantes de 20 países en el año 1989

.:.

Alimentos: Buenos, Limpios y Justos

 

 ¿Qué es Slow Food?

Slow Food (Comida Lenta en inglés) es un movimiento internacional, estructurado en asociaciones sin ánimo de lucro, nacido en 1986 como respuesta a la invasión homogeneizadora de la “fast food” (“comida rápida”, también conocida como comida basura) y al frenesí de una vida cada vez más acelerada y sin calidad. Hoy agrupa a más de 100.000 personas en 120 países de los cinco continentes. En España ya somos casi 1.300.

Slow Food quiere devolver dignidad cultural a la comida, promover la educación al gusto, defender la biodiversidad y apoyar las economías locales sostenibles y de pequeña escala.

Salvar una raza animal o una especie vegetal en vía de extinción, significa preservar un ambiente, garantizar la economía de los agricultores, defender un saber hacer o una antigua técnica de producción, recuperar una receta y regalar un placer al paladar. 

Slow Food Gredos-Tiétar, que se presentó públicamente en el mes de febrero en Arenas de San Pedro, es el primer convivium (la agrupación local de Slow Food) en Castilla y León y reúne a decenas de personas de edades, condiciones, profesiones e ideas diversas, pero con un objetivo común: promover el consumo responsable y disfrutar alrededor de la mesa. Queremos sentarnos a comer sin prisas, con placer y acercar a todas las personas que tengan esos mismos intereses.

Con esta lógica, Slow Food Gredos-Tiétar apoya un modelo de agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente y la identidad cultural, respalda el contacto directo entre productores y consumidores e insiste en el derecho de las comunidades de decidir qué producir y qué comer. Se trata de ampliar el conocimiento de los alimentos locales buenos, limpios y justos.

Buenos: sabrosos, frescos, de temporada, capaces de estimular y satisfacer los sentidos;

Limpios: producidos sin perjudicar los recursos de la tierra, los ecosistemas y sin poner en peligro la salud de la gente;

Justos: que permitan precios, remuneraciones y condiciones de trabajo dignos en todas las etapas del proceso que va de la producción al consumo.

Nuestra comarca es todavía una mina de productos de alto valor que seguirán desapareciendo si no ponemos remedio: hortalizas de todo tipo, legumbres, espárragos, cerezas, albaricoques, sandias, castañas, cebollas, higos, miel, aceite de oliva, setas, la cabra y sus derivados, vacas no estabuladas…

A pesar de la rápida degeneración de las tres últimas décadas, cada pueblo de esta sierra y de este valle posee todavía una riqueza de sabores y de prácticas agrícola-ganaderas envidiables, es el momento de salvarlos y de ponerlos en valor en términos también socio-culturales.

Para conseguirlo:

Estamos visitando los lugares de producción para conocer y probar aquellos alimentos que se encuentran en peligro de extinción y que podemos promover;

Trabajamos para crear un Inventario de Alimentos: variedades vegetales cultivadas, razas animales y alimentos transformados;

Queremos crear una red de cocineros, que se englobará en una red mundial llamada Terra Madre (formada además por productores y científicos), porque estamos convencidos que los cocineros juegan un muy importante papel a la hora de educar al gusto y trasmitir la cultura alimentaria;

Pretendemos organizar actividades educativas con los jóvenes conjuntamente a sus educadores y profesores;

Apostamos por establecer un potente “mercado de la tierra” de alcance comarcal, donde de mayo a noviembre se pueda acceder a todos los productos de calidad que aquí se dan, rompiendo las barreras entre productores y consumidores.

Queremos recalcar que esta atención que ponemos en el vínculo entre producción y consumo de productos de calidad, no es la quimera de una agrupación de egoístas sibaritas, sino la manifestación de una madura conciencia social y cultural.

Esto nos llevará también a conformar una fuerte alianza entre diferentes figuras y entidades sociales: agricultores y ganaderos, artesanos, cocineros, centros educativos, servicios hosteleros que apuestan por la calidad y la “sostenibilidad”, investigadores, asociaciones de consumidores, asociaciones de vecinos y familias.

¿Es esta una óptica arcaica?, ¿un paso hacia atrás? No, absolutamente. Se trata de una visión muy moderna y tal vez aún más entendible a la luz de las terribles consecuencias de la gran crisis económica que está asolando el planeta. Sólo la dignidad de la economía local nos permitirá realizar lo que sino sólo será un tópico y mera retórica: el desarrollo sostenible.

Invitamos a todos los vecinos de Arenas y de los demás pueblos de la Sierra de Gredos y del Valle del Tiétar que participen en nuestras iniciativas y que, si están dispuesto a dar un mínimo de apoyo en la promoción de estas propuestas, se hagan socios del movimiento.

Marco Rizzardini ,

Presidente de Slow Food  Gredos-Tiétar

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BORRADOR DE UN DOCUMENTO UNITARIO

 

PARA LA CREACIÓN DE UN MERCADO DE LA TIERRA COMARCAL DEL TIÉTAR

INDI

-         Contexto

-         Justificación

-         Que entendemos por mercados de la tierra

-         Porque es deseable y posible un Mercado de la Tierra en el Valle del Tiétar

Contexto

La llamada globalización económica, entre otros órdenes de cosas, ha cambiado de forma radical la organización de las cosas y de las personas en el espacio y en el tiempo. Los últimos desarrollos del sistema capitalista han ido creando enormes infraestructuras capaces de poner en circulación los recursos de un extremo a otro del planeta en tiempos irrisorios. Según el sociólogo Miguel Castells, estos procesos han conducido a la distinción entre un espacio de los lugares y un espacio de los flujos.

El espacio de los lugares está gobernado por la historia y por la cultura, el de los flujos por la tecnología y el mercado.  Tal vez haya llegado el momento de contraponer las economías locales, que se despliegan en el espacio de los lugares, a las economías totales, que caracterizan el espacio de los flujos. Las economías locales están basadas en el control local de las actividades económicas, y los comportamientos económicos se entrelazan estrechamente con las normas y los valores característicos del lugar, en una influencia mutua. En las economías totales todo tiene un precio y puede ser vendido y adquirido, y las decisiones más importantes son tomadas por las llamadas corporaciones y por instituciones globales.

Frente a la expansión de la economía total, las economías locales se han visto obligadas a retroceder. Los espacios de los lugares, privados de su necesaria base económica, pierden la capacidad de reproducir su propia diferencia, y se disuelven progresivamente en el espacio de los flujos, que los vacía o los llena según las condiciones del mercado global.

El ejemplo más evidente de la relación entre la economía total y local está en el asentamiento incontrolado de las grandes superficies comerciales en un territorio. La acogida por parte de la población, cuando esto ocurre, es a menudo favorable, pues promete una gran variedad de productos a buen precio. Sin embargo, el cierre de las pequeñas actividades comerciales, incapaces ya de resistir a la competencia, crea desempleo, desertifica los centros urbanos, aumenta la dependencia de los consumidores frente al automóvil, excluye a los que no cuentan con un medio de transporte o no pueden conducir y cierra las salidas comerciales a las producciones agrícolas y ganaderas locales, amenazando su supervivencia. La concentración monopolista es cada vez más exacerbada: cinco grandes cadenas controlan en España la distribución (y por ende la producción) de más de la mitad de nuestros alimentos.

Además, el dominio incontrovertido de la economía total no genera un mayor bienestar. La riqueza creada es la otra cara de la destrucción: sus beneficiarios no son los mismos a los que se les destruye la riqueza; las fases de transición generan sufrimientos insoportables; las desigualdades y la concentración de poder se incrementan.

La destrucción de las economías locales y el consiguiente retroceso de los espacios de los lugares son la causa de la pérdida de diversidad económica, cultural y biológica, que constituyen la base para la supervivencia del delicado equilibrio entre la humanidad y la naturaleza.

En esta lógica, la figura del “consumidor irresponsable” es un elemento central de una sociedad cada vez más irracional e injusta: es la figura de un individuo deseante e infantilizado. Alguien que basa su bienestar en la posesión de objetos, que lo convierten en un perpetuo fracasado que necesita saltar sin descanso de un objeto de deseo a otro, en una eterna e insactisfactoria huida hacia delante bien lubricada por el bombardeo de mensajes publicitarios. 

Justificación

Crear un contrapeso frente a la economía total a través del fortalecimiento de las economías locales es un compromiso que debería implicar a cualquiera que sienta como propio el destino de la humanidad y que haya observado con un mínimo de atención lo que ha sucedido en el mundo y en su propio pueblo en las dos o tres últimas décadas. Es, pues, altamente deseable un proceso de re-localización, que refuerce el control local de los procesos económicos y potencie los recursos locales, básicos para que la gente pueda vivir mejor y en mayor armonía con el entorno, las tradiciones y la cultura propia.

Esta re-localización ha adquirido las que podríamos llamar una dimensión simbólica, una relacional y una física.

Re-localización simbólica supone reforzar la conciencia del valor de los recursos locales – la biodiversidad, el paisaje, la cultura, las redes sociales- y del origen de las mercancías, para consentir a los agentes económicos tomar decisiones informadas y responsables. Si el consumidor sabe de dónde procede el producto que consume, puede adquirir la conciencia de la explotación del entorno y del hombre/mujer que han permitido su producción y distribución.

Si el productor local es capaz de comunicar a los consumidores el valor que el empleo de los recursos locales añade al producto final, puede crear una situación de ventaja para ambos.

Re-localización relacional significa favorecer las relaciones de intercambio entre agentes locales. Recientes estudios realizados en el Reino Unido han demostrado que, en igualdad de gasto, la compra en comercios y mercados locales retiene el 40% de la renta en el interior de la comunidad. Los grupos de compra solidaria o las asociaciones de consumidores de productos ecológicos, establecen un canal de comunicación entre los consumidores y los productores que tiene como eje una comunidad de valores que permite generar unas formas de conocimiento y una ética del consumo ajenas a las relaciones comerciales establecidas.

Re-localización física, por último, implica una reestructuración de la producción, de la distribución y del consumo de forma que propicie, en la medida de lo posible, la reducción de las distancias y de las intermediaciones comerciales.

La comida es un punto de partida fundamental para los movimientos de re-localización. Simboliza las relaciones entre los seres humanos, la sociedad y la naturaleza. Es un bien esencial, pero al mismo tiempo satisface unas necesidades profundas de identificación y de sociabilidad y, sobre todo, afecta a todos, sin exclusión.

Actuar sobre los significados de la comida significa actuar sobre las prácticas cotidianas, y los pequeños cambios en las decisiones individuales, repetidos a diario, pueden dar lugar a grandes cambios colectivos. Los diferentes aspectos de estos procesos de re-localización se concretan en la preferencia de los productos locales, frescos y de bajo impacto ambiental, o en la elección de productos típicos, testimonios de la identidad de otros lugares.

Los farmers` markets, los mercados campesinos y de la tierra, las iniciativas de las Community Supported Agriculture, la introducción de productos biológicos y locales en las escuelas, los grupos de consumidores solidarios y responsables, el comercio justo, los Baluartes de Slow Food, los movimientos de sensibilización sobre los “kilómetros alimentarios” son todos motores de re-localización simbólica, relacional y física al mismo tiempo y, en varios países, están superando la fase embrionaria para convertirse en un movimiento generalizable, amplio y extendido.

Que entendemos por Mercados de la Tierra

Con el proyecto de Mercados de la Tierra nos proponemos crear una red de mercados campesinos, de lugares en los que los productores presentan y venden directamente sus productos de temporada. El primer objetivo es pues acortar distancias entre la tierra y la mesa, un paso ulterior para lograr el reconocimiento de los coproductores.

En los Mercados de la Tierra pueden tomar parte tan sólo pequeños productores que operen en un entorno máximo de 60 kilómetros del lugar de la venta. El mercado se organiza mediante un comité de gestión, resultado de una alianza entre entes públicos, productores, asociaciones de consumidores  y Slow Food

Coproductores somos todos a partir del momento en que nos acercamos al mundo de la comida con un espíritu lo más cercano posible al de quien la produce, con el conocimiento de lo que significa ser un agricultor o un  quesero, con la voluntad de conocer las características de los productos que deseamos adquirir. Uno de los sistemas más eficaces para conseguir tal resultado es el contacto directo entre quien lleva alimentos a su mesa y aquel que a esos alimentos ha dado la vida.

En un Mercado de la Tierra participan sólo productores, y estos venden sólo sus propios productos. De esta forma se asume en primera persona la responsabilidad del trabajo y de la calidad de lo que presentan en el mercado; además, tienen el compromiso de describir sus productos, la labor en que se basan, de definir su calidad y, en consecuencia, justificar el precio que se requiere: todo un sistema de comunicación que se manifiesta mediante la organización de degustaciones y de actividades de educación del gusto. Es una necesidad y también una oportunidad social: un mercado de este tipo deviene lugar de encuentro, un pretexto más para reunirse.

En un  Mercado de la Tierra se pueden vender sólo productos locales, o sea, pertenecientes a la cultura alimentaria de la comunidad en que se desarrolla ese mismo mercado: la referencia geográfica es la comarca o bien una distancia máxima de 60 kilómetros entre el lugar de producción y la comunidad sede del mercado. Esto crea una oportunidad de desarrollo para las economías locales y es un modo de defender el ambiente, amenazado en primer lugar por la contaminación que genera el transporte de los alimentos. Una de las consecuencias directas de estas condiciones es la venta de productos de temporada: un modo asimismo de respetar  la naturaleza y sus ritmos, y una ocasión de recuperar ese placer de esperar al momento justo para cada alimento.

No por definición, pero sí por conclusión implícita, los Mercados de la Tierra están reservados a esos pequeños productores que han de realizar un mayor esfuerzo para competir con el circuito de la gran distribución, pero cuyas dimensiones permiten con frecuencia ofrecer productos de calidad. Quien es admitido en estos mercados ve reconocida la posibilidad de una retribución correcta de su labor, pero también se compromete a trasladar esa equidad a sus propios empleados.

Porque es deseable y posible un Mercado de la Tierra en el Valle del Tiétar

Un Mercado de la Tierra se basa en la constitución de una Alianza: una red en la cual son parte indispensable los productores (individualmente y representados por sus asociaciones), la ciudadanía (representada por los entes públicos)  y Slow Food. Esto nos llevará también a conformar una fuerte coalición entre diferentes figuras y entidades sociales: agricultores y ganaderos, artesanos, cocineros, centros educativos, servicios hosteleros que apuestan por la calidad y la “sostenibilidad”, investigadores, asociaciones de consumidores, asociaciones de vecinos y familias.

Esta alianza promueve el nacimiento del mercado y lo impulsa. En nuestra comarca esto es posible desde ya: existen estas fuerzas sociales de forma más o menos organizada, ya estamos viendo antecedentes en los puestos de los mercadillo de Arenas o en la calle en otros pueblos y una cierta sensibilidad en algunos de los Ayuntamientos del Valle permite pensar en una posible implicación positiva de los gobiernos locales.

La labor de organización del Mercado corresponderá a un Comité de Gestión que reúne a representantes de todos los entes de la Alianza, aunque con una mayoría de productores: estos últimos se ven así más directa y profundamente implicados. El comité gestiona el mercado, se ocupa de la promoción, garantiza el respeto de las reglas y, si es necesario, hace madurar las condiciones para la adecuación de las normativas públicas.

El Mercado debe estar organizado en plazos regulares, estamos pensando para el Mercado del Tiétar una apertura de mayo a primeros de noviembre; una vez a la semana (¿el sábado por la mañana?); siempre en el mismo lugar y con los mismos horarios. Sólo de esta forma pueden convertirse en una cita fiable y provocar un resultado significativo en la vida de la comunidad. El lugar es muy importante y sería muy oportuno conseguir un emplazamiento que sea emblemático y central: en Arenas de San Pedro, principal centro del Valle del Tiétar y ubicado, por ejemplo, en la Plaza del Castillo, o el interior del Castillo, o en la Plaza del Ayuntamiento, o en la Plaza de Toros...(u otro a definir).

Nuestra comarca es todavía una mina de productos de alto valor que seguirán desapareciendo si no ponemos remedio: hortalizas de todo tipo, legumbres, espárragos, cerezas, albaricoques, ciruelas, cermeños, sandias, castañas, cebollas, higos, miel, aceite de oliva, setas, la cabra y sus derivados, vacas no estabuladas…Un “arca de tesoros” y “saber hacer” en desaparición que, sin embargo, necesita volver a articularse territorialmente.

Los productos vendidos en el Mercado de la Tierra han de responder a los criterios de bueno, de limpio y de justo: unas normas que son establecidas en documentos de auto-certificación que cada productor suscribe en el momento de su admisión. Han de ser productos naturales; obtenidos a partir de procesos tradicionales y respetuosos con el ambiente: en este sentido, certificaciones como la biológica y la biodinámica son por completo bienvenidas pero no constituyen un título de preferencia. Se considera implícito el rechazo de los cultivos OGM (transgénicos), contra los cuales nuestras asociaciones están comprometidas con toda energía y la limitación máxima de sustancias agro-tóxicas.

Los Mercados de la Tierra asimismo salvaguardan el ambiente al generar el menor número de desperdicios posible y librarse de ellos de forma correcta, con atención al ahorro energético y al uso máximo posible de materiales de consumo biodegradables.

Los precios deben ser justos y claros y estar justificados: deben remunerar de manera justa el esfuerzo de quien trabaja y las materias primas necesarias para obtener un producto de calidad, pero también han de revertir en el comprador el beneficio de unos menores costes de intermediación. El control de la equidad de precios corresponde al Comité de Gestión.

Finalmente, aunque no de menor importancia, los diferentes Mercados de la Tierra funcionan en red, se reúnen idealmente para compartir competencias y aportaciones. Respetando diferencias y particularidades de cada comarca, poseen en común un proceso de comunicación (es la mayor aportación que custodia Slow Food) y se trasmiten sus experiencias, sus historias, para aprender los unos de los otros.

El Mercado de la Tierra: también un primer paso para la “reconstrucción” de nuestro territorio, cuya re-articulación virtuosa deberá de basarse, necesariamente, además que en el incremento de los intercambios de todo tipo en el interior de la comarca, también en la conquista de unos eficaces servicios de transporte públicos entre pueblo y pueblo.

Arenas de San Pedro, agosto de 2009

 


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